La apuesta más arriesgada de la administración Trump y el Gobierno de Netanyahu El sábado 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron la «Operación Furia Épica», un ataque militar sin precedentes contra Irán con el objetivo de derrocar al régimen de los ayatolás y eliminar su capacidad nuclear y misilística. La ofensiva, que combinó el poderío de 200 aviones de combate israelíes y el apoyo logístico de EE.UU., bombardeó 500 objetivos estratégicos, incluyendo la residencia del líder supremo Alí Jameneí, la oficina presidencial y cuarteles de la Guardia Revolucionaria.
La supuesta muerte de Jameneí y el llamado a la rebelión Donald Trump anunció la muerte de Alí Jameneí, aunque Irán lo negó sin presentar pruebas concluyentes. El presidente estadounidense instó a los iraníes a tomar el poder una vez finalice la operación, describiéndola como «la única oportunidad en generaciones» para liberarse del régimen. Por su parte, Benjamin Netanyahu afirmó que «la ayuda ha llegado» y llamó a los iraníes a construir un Irán libre y pacífico. Ambos líderes buscan capitalizar el descontento interno en Irán, donde las protestas contra el Gobierno han sido reprimidas con violencia.
El costo humano y la respuesta de Irán El ataque dejó un saldo de más de 200 muertos, incluyendo 85 niñas en una escuela de Minab y 15 personas en un gimnasio en Lamerd. La Media Luna Roja reportó 747 heridos. Como represalia, Irán lanzó misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Además, la Guardia Revolucionaria anunció el cierre del estrecho de Ormuz, una medida que, de mantenerse, podría disparar los precios del petróleo y afectar la economía global.
Motivaciones políticas y riesgos estratégicos El ataque ocurre en un contexto de negociaciones nucleares fallidas y tensiones regionales. Trump, enfrentando críticas por su gestión interna, busca reafirmar su liderazgo en política exterior, mientras que Netanyahu intenta desviar la atención de la crisis en Gaza. Ambos líderes presentaron la operación como un éxito estratégico, pero expertos advierten que un cambio de régimen en Irán es incierto y podría llevar a un caos prolongado o incluso a una guerra regional.
El mundo en alerta máxima La ONU, la Unión Europea y varios países han llamado a la moderación, mientras que el cierre del estrecho de Ormuz —vital para el 20% del petróleo mundial— amenaza con una crisis económica global. Irán ha prometido una respuesta «decisiva», lo que aumenta el riesgo de una escalada imprevista. La operación, que podría durar «una semana o más», plantea un escenario de incertidumbre geopolítica sin precedentes en la región.
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